Acumulación de residuos en Barrio Norte: así afecta la vida de los vecinos

La imagen quedó, para quienes pasaron por Barrio Norte en las últimas horas, como una postal que mezcla lo cotidiano con lo inesperado: veredas tapizadas de naranjas partidas, ramas y hojas esparcidas, y vecinos que, además de soportar los ruidos de una cosecha nocturna, se encontraron con la tarea de limpiar lo que quedó.

Desde la Sociedad Amigos del Árbol calificaron la recolección como una “cosecha salvaje”. La frase alude tanto al método empleado —rápido, ruidoso, a horas en las que nadie esperaba trabajos de esa intensidad— como a la consecuencia dejada sobre el espacio público. Pero la historia no concluye en la denuncia: el problema tangible y cotidiano es otro y recae directamente sobre los frentistas.

En muchos barrios tucumanos, los árboles frutales en veredas funcionan como una suerte de herencia comunal: ofrecen sombra, aroma y, en ocasiones, fruta para quien pase. Cuando la cosecha se realiza con orden y coordinación, hay un intercambio tácito: quien cuida el árbol y la comunidad se benefician. Cuando la intervención es abrupta e impune, los restos —frutas aplastadas, ramas cortadas, hojas esparcidas— se transforman en un residuo que no siempre la ciudad retira de inmediato.

Los vecinos relatan que, tras la noche de ruidos y vibraciones, amanecieron con veredas llenas de residuos. Fueron ellos quienes, con escobas, bolsas y paciencia, se hicieron cargo del barrido y la recolección de las naranjas explotadas. En algunos casos denunciaron que la municipalidad o el servicio de limpieza demoró en intervenir; en otros, que la responsabilidad quedó en el limbo entre la empresa que realizó la cosecha y los frentistas, que reclaman que no les corresponde soportar ni la tarea ni el costo.

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