El presidente Javier Milei dará la bienvenida al Sumo Pontífice en la primera visita papal al país en 39 años. La agenda oficial incluye reuniones en la Casa Rosada y una misa en Palermo, en un escenario marcado por la disputa con Patricia Bullrich, el faltazo de Mauricio Macri y fuertes diferencias conceptuales sobre inteligencia artificial y pobreza.
Tras semanas marcadas por reveses electorales de la derecha aliada en Estados Unidos y Brasil, el presidente Javier Milei se prepara para encabezar la recepción oficial del papa León XIV, quien arribará a la Argentina este domingo en lo que constituye la primera visita de un Pontífice al país en los últimos 39 años (la última fue de Juan Pablo II en abril de 1987, recordando que Francisco jamás regresó a su tierra natal durante su pontificado).
La llegada del Santo Padre se concreta en medio de un clima convulsionado en la política nacional. Milei recibirá al Papa este domingo en Aeroparque, mantendrá luego una audiencia privada en la Casa Rosada y por la tarde encabezarán un acto en el Palacio Libertad ante representantes de los tres poderes del Estado, gobernadores, legisladores y embajadores. En tanto, el lunes el Presidente asistirá a la misa central que el Pontífice celebrará en el Monumento de los Españoles, en Palermo, como parte de una gira que también abarcará actividades en Córdoba y Luján.
Desplantes en el PRO y amenaza de ruptura en La Libertad Avanza
La previa del hito institucional quedó atravesada por fuertes rispideces en el arco político. A la misa de Palermo no asistirá el fundador del PRO, Mauricio Macri, quien rechazó la invitación cursada por su primo y jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, profundizando la distancia familiar. A la par, el titular del bloque de diputados del PRO, Cristian Ritondo, expuso su malestar con el exmandatario por haberlo señalado como responsable de las estancadas negociaciones con el oficialismo sobre el Presupuesto 2027, la ley de biocombustibles, las reglas electorales en la provincia de Buenos Aires y eventuales alianzas de cara a 2027.
Por su parte, la mesa política de La Libertad Avanza acumulará tres semanas sin sesionar. El parate coincide con los crecientes gestos de autonomía de la senadora Patricia Bullrich, quien difundió mensajes de impronta electoral («Se vienen cositas…»), encabezó reuniones con dirigentes propios en Palermo y marcó diferencias con la marcha económica y el trato presidencial a la prensa. Aunque trascendió la posibilidad de desplazarla de la jefatura de bloque del Senado tras la partida del Papa, cerca de la exministra advirtieron de forma tajante: «Si hacen eso, nos llevamos a varios senadores, rompemos el bloque en Diputados, nos buscamos un partido y ganamos las elecciones». En contraposición, sectores cercanos a Milei desmintieron planes de expulsión y deslizaron la opción de integrar una fórmula conjunta para 2027, atribuyendo los rumores a maniobras de «sectores del nacionalismo de derecha».
IA, pobreza y el antecedente del Vaticano
La visita también pondrá bajo la lupa las diferencias ideológicas entre Milei y el papa León XIV. Mientras el jefe de Estado promueve la desregulación total de la inteligencia artificial para potenciar el mercado, el Pontífice viene reclamando un «control humano eficaz, informado y responsable», solicitando la prohibición de las armas autónomas letales, rechazando la personería jurídica para la IA y exigiendo que la tecnología sirva al bien común bajo la supervisión de organismos internacionales.
El choque de visiones tendrá su segundo capítulo presencial tras el antecedente del 7 de junio de 2025, cuando mantuvieron una audiencia de 45 minutos en la Biblioteca Pontificia del Vaticano. En aquella oportunidad —en la que ingresó Karina Milei sobre el tramo final y se intercambiaron un poncho de vicuña catamarqueño por un mosaico de la Basílica de San Pedro—, abordaron la situación socioeconómica, la cohesión social, los índices de pobreza y las guerras en Ucrania y Gaza. Ahora, el Gobierno aguarda un desarrollo con tono estrictamente institucional que permita amortiguar temporalmente la crispación política de la Rosada.
